Lo Que Oculta El #34

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April 23, 2020 by palombo17

Carlos observaba claramente al #34 mientras volvía a guardar su manopla, una Lupadi con los colores de la liga, morado y gris, con su nombre, el número 34 y la bandera de México. La trataba con un cuidado único, empezaba a sacar sus guantes y toalla para ir al gimnasio. Para Cesar tres horas de entrenamiento en el campo nunca le eran suficientes.

 

Carlos era un buscatalentos de los Padres de San Diego que llegó a la liga por invitación de Fernando, quien en ese momento era el presidente de la liga y le comentó que tenía a un muchacho con potencial. Fernando y Carlos habían compartido equipo en esa misma liga y llegado juntos a la antesala del sueño. A Fernando lo cortaron a las tres semanas de que llegaron juntos a los entrenamientos de primavera y Carlos tuvo una carrera corta en las menores y después fue un tipo que por uniforme traía un overol durante doce años en la liga local con cuatro temporadas en la Liga del Pacifico, siempre coqueteando con la “línea de Mendoza”.

 

Cesar estaba seguro de que para lograr el sueño no bastaba con entrenar, ver videos, estudiar los partidos y comer de la mejor forma. Sino que si quería llegar a codearse con los mejores, tenía que pensar, entrenar, vivir y actuar como los mejores. Por eso todas las mañanas antes de ir a la escuela y todas las tardes después de su entrenamiento, le metía duro a su entrenamiento físico; gimnasio, alberca, correr, calistenia, etc.

 

Su entrenador en la Liga Cuauhtémoc, la cual quedaba a quince minutos caminando de su casa, siempre le había dicho que no tenia lo que se necesitaba para llegar a ser profesional, pero con su insistencia, paciencia, dedicación, amor por el juego y actitud poco a poco lo había convencido de lo contrario.

Era de destacar que hasta los trece años nunca estuvo en la división buena y hasta los dieciséis años nunca logró  formar parte de un equipo representativo de la liga. Pero a partir de que cumplió los diecisiete años era un indiscutible en el cuadro titular de su liga, en el equipo del estado, además de ser el capitán del equipo de la Prepa 17, así como capitán del equipo tricampeón de la liga de slowpitch que tenía con su palomilla. Nadie lo movía de la antesala más que en el slowpitch donde alternaba entre campocorto y patrullero central.

 

Nada podía detener a Cesar en el gimnasio. La primera vez que fue el entrenador y “los locales” se burlaron de él por lo malo que era, le recomendaron no gastar su dinero en la mensualidad, cargaba como una niñita, le dijeron. A los 8 meses ya se ejercitaba a la par y usaba orgulloso una playera de Soraya Jiménez para hacer frente a las burlas que siempre le habían hecho.

En la practica siempre era el primero en llegar, su coach Mauricio se impresionaba cuando algunas veces lo veía desde su coche treinta minutos antes de la práctica entrenando lo que le había fallado en el partido. Cuando Felipe, el encargado del campo, no le podía pichar o echar unas rolas, lo sustituía echando una pelota contra la pared. A falta de T de bateo usaba un cono naranja que le pidió prestado a Pepe el de la comisaria. Siempre tenía una nueva forma de usar su creatividad para poder entrenar donde quiera que fuera. Todos los que conocían a Carlos le aseguraban que no podía fallar si firmaba al ‘’Xoloitzcuintle’’ (como le decían a Cesar de cariño desde que su tía Aurora le había hecho aquel infame corte de pelo cuando tenía apenas diez años) ya que era el sueño de todo equipo deportivo.

 

Carlos siguió de cerca al #34 durante más de tres semanas viendo su manera de vivir, de comportarse con sus entrenadores, compañeros, amigos, chavas, familiares, etc. No había duda, tenía la actitud y la mentalidad de un “sin pensarlo” como decían sus compañeros gringos. Pero el talento no estaba ahí, según su ojo experto era un forjón de acero de puro trabajo, el talento nato parecía no existir. Si tan solo el #61, #12 o #21 le copiaran un poquito tendría tres jugadores con quienes presentarse en Peoria en dos semanas.

No había mas tiempo tenía que decidirse y mandó a los Padres de San Diego la recomendación de que firmaran al #34 (siempre pensaba en los jugadores como # para no involucrar sentimientos, para Carlos lo más fundamental en un buscatalentos) aunque sabía que gran parte de esta decisión estaba influenciada por el corazón ya que él había jugado en esa misma liga y aunque él era parador en corto y el número 34 era antesalista tenían algunas cosas en común. Los dos eran bateadores ambidiestros, cuidaban su manopla como su mas grandiosa posesión, usaban delineador negro siempre un poco escurrido y los lentes casi siempre encima de la gorra, muchas muñequeras, cubre calcetas de las antiguas hasta arriba, un intento de estilo de combinación con pelo del toro Valenzuela y barba al estilo Vladimir Guerrero pero con más agujeros, una sola guanteleta que cuando no estaba bateando iba en la bolsa trasera al estilo de Mike Schmidt, casco con mucha brea y el bat con mas de la que parecería posible. Carlos era un experto y sabía que eso en parte era para esconder que ese bat ya lo habían tenido que arreglar más de tres veces. Los dos entrenaban mas de lo que parecería normal y eran buenos amigos del Oso, dueño de las maquinas de bateo a media cuadra de la liga, que los dejaba quedarse horas con tal de comprarle quince pelotas.

 

Carlos empaco su valija se despidió de familiares y amigos y se dirigió a Arizona para manejar su auto a diferentes ligas que le quedaban seis paradas antes de reportar en Peoria, donde lo esperaba su jefe, el legendario Tony Lucadello, quien siempre decía que algunas veces hay que confiar en el corazón, pero casi siempre es mejor tenerlo apagado en un trabajo como ese.

 

A la Liga Cuauhtémoc llegó Eloir (preparador físico), Julián (doctor deportivo), Gabriela (nutrióloga) y Camila (psicóloga) listos para trabajar codo a codo con Cesar. Lo encontraron con varias deficiencias, pero quedaron impactados con su disposición. Los cuatro reportes decían lo mismo, marcaban deficiencias pero aseguraban que para cuando reportara en tres meses con el equipo de San Diego no tendría ninguna. Los cuatro trabajaban de la mano con Mauricio para que Cesar llegue a punto. Además de eso empezó a tomar clases de inglés con Susana que también la hacia de traductora con Gabriela y Camila quienes no hablaban español. En esos tres meses Cesar aprendió lo que realmente quería decir entrenar, estudiar, comer bien. Entendió después de dos semanas lo que era el dolor, estar cansado y dormir como un oso. Se paraba, entrenaba, desayunaba, iba a clases, entrenaba, echaba un tentempié, clases, gimnasio, comer, entrenar, ver videos, análisis de rivales, merienda, gimnasio, bateo, cena, repasar el inglés y por fin a dormir. Esta fue su rutina durante tres meses con excepción de doce días de partidos, diez de esos con doble jornada y ocho días de descanso.

 

El día que lo firmaron fue la primera de doce fiestas que se hicieron entre su casa, la liga, su escuela y las que organizo la palomilla. Cesar siempre había sido muy tímido, pero de pronto se encontró con que todas las niñas querían bailar con él y los mas populares del salón querían tomarse unos tequilas con el Xolo. Enorme tentación para un muchacho de dieciocho años, pero a Cesar unas parrandas y unas niñas bonitas no lo iban a distraer de lo que llevaba forjando trece años. De las doce fiestas se escapó o pidió disculpas cuando apenas iban comenzando.

 

Después de ciento nueve días y de ver una transformación impresionante no había nada más que hacer mas que viajar a Arizona donde se encontraría con Carlos para que lo llevara al campo de entrenamiento.

Empacó su manopla vieja y dos nuevas que le regalaron de sorpresa los de la liga, una con los colores de los Padres y otra con los de México, mismo modelo que el que siempre usaba, una Lupadi 12.25 con canasta de rejillas, tres guanteletas izquierdas marca Rolin, ocho juegos de cinco muñequeras, dos pares de lentes, dos delineadores negros Rawlings, tres tachones Palomares Genuino y unos tenis para hacer ejercicio marca Concord. Carlos le dijo que no era necesario que llevara su bat, en ese estado solo serviría para que se burlen de él.

 

Aterrizó en Arizona con una maleta llena de sueños y un corazón confiado en que los iba a conquistar todos. Después de dos horas en la aduana, esperar su maleta y veinticinco minutos esperando por un café y una dona, llegó Carlos en su Ford Thunderbird de 1977, color azul cielo, convertible, con asientos beige que compró con su primer cheque y que nunca vendió.

Llegaron a Peoria treinta minutos después y la aventura empezó para Cesar, le entregaron una maleta llena de uniformes y lo mandaron a comprar ropa para los viajes. Le dieron spikes nuevos, un montón de bats que eligió tamaño 33 y de dos colores como era el suyo que había dejado en casa, tenis para hacer ejercicio, unos spikes raros que les llamaban trainers y todo lo que podía necesitar.

Cesar nunca había visto un gimnasio como ese, era del tamaño de toda la Liga Cuauhtémoc. Albercas, vapor, comedor, cuarto de video, un clubhouse con nintendos, teles, comida; este lugar era un paraíso para cualquiera.

 

La aventura comenzó como era costumbre para Cesar con dos semanas donde nadie entendía porque Carlos lo había firmado hasta que vieron lo que había atrás de ese muchachito de ojos avellana. No era fácil darse cuenta, pero si ponías atención en sus ojos podías ver esa mirada de tigre que tienen los que nunca se rinden. Siempre se le veía en el Peoria Sports Complex, parecía que dormía debajo del jardín central o algo por el estilo. Todos los días era el primero en llegar y el último en irse, siempre con una duda, una idea, una inquietud, dispuesto a volverlo a intentar una y otra vez hasta mejorarlo. Arturo el que iba a ser su mánager en DSL Padres estaba encantado de poder trabajar con él.

 

El Spring Training fue bueno para Cesar, terminó con una línea de .287/2HR/8RBI/11C en 25 partidos. El equipo consideró mandarlo a AZL Padres 2 pero los dirigentes estuvieron de acuerdo en que Arturo era el que más iba a poder ayudarlo en su desarrollo y tomó el vuelo junto con sus compañeros rumbo a Republica Dominicana para comenzar la temporada. Fue titular en veinticinco partidos y vio acción en 52 de los 71 partidos de temporada. Fue un año decepcionante en sus estadísticas ya que presentó una línea de .223/3HR/15RBI/19C, pero no en la mejora que todos veían en su forma de jugar, las largas charlas con Arturo habían logrado su objetivo y se notaba mejoría en muchos aspectos del juego. Se preparó para ir a la liga de instrucción.

 

Cesar no paró ese invierno intentando llegar con mas fuerza a la siguiente temporada y pidió a los Padres que si podía volver a contar con su equipo de trabajo. Sus cuatro especialistas regresaron a trabajar con él durante los cinco meses de temporada muerta y llegó a los campos de entrenamiento mucho mejor físicamente. Para este nuevo campo Cesar ya se había ganado el respeto de sus compañeros y era muy querido por todos, invitado a cenas con sus compañeros de las grandes ligas y todos tenían un consejo que darle para mejorar. Cuando estas determinado y dispuesto a aprender pareciera que las puertas de las personas dispuestas a ayudarte se abren de par en par.

 

Un Spring menos espectacular que el pasado con un madero de .247/4HR/9RBI/11C en 23 partidos, pero sin duda su defensiva había evolucionado, hizo grandísimas jugadas con el guante y su brazo parecía mucho más educado y fuerte. Se estaba convirtiendo en una garantía en la esquina caliente.

Regresó con Arturo a la liga de Dominicana y empezó la temporada de titular. Los primeros 15 partidos fueron una decepción con el madero, parecía entrar a un slump cuando acababa de salir de uno, apenas pego 4 hits en sus primero 57 turnos al bat para un raquítico .069 en su Avg. Regresó a la banca y aunque para Arturo era un obrero de la pelota porque lo puso a jugar de inicialista, segunda base y 2 partidos de parador en corto, apenas fue titular en 33 partidos de la temporada y vio acción en un total de 67, Arturo le tenia mucha confianza y cariño pero su línea final apenas  fue mejor que la de un año antes, terminó la temporada con .227/3HR/17RBI/21C. Sin duda era un año decepcionante para Cesar que después de todo su esfuerzo pensó que este año lograría dar un brinco de calidad.

 

Liga de instrucción y una invitación con los Tomateros a la Liga del Pacífico fueron un invierno intenso para el antesalista de hierro como le decían sus compañeros. Sin duda lo mas trascendental en la Liga del Pacifico fue la gran experiencia que adquirió al tener compañeros y rivales que jugaban en las Grandes Ligas, fue una temporada de tremendo aprendizaje, vio acción en 30 de los 66 partidos de la temporada y tuvo una línea de .243/3HR/11RBI/16C, había sido una buena temporada en términos generales.

Cinco temporadas muy parecidas entre AZL Padres 1, DSL Padres, AZL Padres 2, tres meses en Tri-City Dust Devils y un llamado para una doble cartelera con Lake Elsinore Storm fueron el sueño de las menores para Cesar, acabó su carrera con un .241/39HR/102RBI/163C. Su sexto entrenamiento de primavera sería con los Piratas de Campeche donde paso dos temporadas siendo un hombre de traje gris con uniforme para un total de .253/9HR/23RBI/31C, nueve temporadas fueron suficientes para que decidiera cambiar de rumbo.

 

Colgó el guante después de nueve años de intentarlo sin parar y dejando en todos los que compartieron campo con él gratos recuerdos. Compró la Liga Cuauhtémoc, el gimnasio de Mario, las jaulas de bateo del Oso y el restaurante de Enrique que estaba en la esquina y empezó una liga para prospectos con todo lo necesario para destacar. Hoy es conocido como un gran entrenador, su academia es de las mejores del país, cuenta con once jugadores que están probando suerte en las ligas menores y veintiuno juegan en la LMB. Después de todo la perseverancia sin talento no fue suficiente, la inteligencia sin fuerza no bastó, pero todo el carácter que forjó en la cancha le sirvió para ayudar a otros a lograr lo que él no pudo.

 

Mientras acaba una sesión con Antonio, un lanzallamas prometedor de diecisiete años que ya coquetea con las 95 millas, abre una Pacifico Ligth y prende la televisión justo a tiempo para ver el debut en Grandes Ligas de Giancarlo, un antesalista que salió de su academia y es el primero en debutar en la gran carpa con los Atléticos de Oakland, no para de sonreír, sintiendo una mezcla de orgullo y añoranza.

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