Aún no sabemos si lo deberíamos de contar

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March 17, 2020 by palombo17

Sentados en la penumbra del bosque de Gryfino se entablaba una discusión muy alebrestada de si debiesen de algún día contar la verdad, contar todo aquello que habían visto eran tantas cosas. Algunas hermosas primeros besos, parejas juveniles teniendo sus primeros orgasmos, amores, amistades sin igual, juegos infantiles, logros increíbles como subir a tu primer árbol, el orgullo de un padre que hace un columpio para su hija, comidas familiares, juegos de los niños exploradores y miles de partidas de escondidillas. Pero el lado oscuro era tan aterrador que el silencio llevaba reinando durante años, las cosas que ellos habían visto y tenido que juzgar y callar cuantas traiciones, asesinatos, torturas, burlas y falta de respeto por la humanidad habían presenciado y tenido que vivir con la conciencia llena de imágenes indescriptibles. Durante la gran guerra la que ellos escucharon que sería la última de todas vieron cosas atroces que parecían irrepetibles hasta que entendieron que eran casi juegos de niños cuando 21 años más tarde comprendieron lo que la segunda guerra mundial trajo al mundo. Atrocidades imposibles de describir, aunque quisieran era imposible poder explicar esa barbarie.

Los abetos que eran los más jóvenes urgían a contar todo lo que sabían para de esta forma evitar que vuelvan a suceder además la verdad era la verdad y el mundo tenía derecho a saberla.

Mientras el más anciano que era un roble de miles de años decía que la verdad es interpretable y que el mundo no necesitaba de más malas noticias que si iban a hablar solo sería de lo bueno las historias hermosas que tenían y no las crueles realidades de miles de guerras y traiciones.

Entonces un pino que estaba en contra de platicar la verdad le comento al roble que tal vez alguno de sus mágicos encuentros amorosos que él creía tan increíbles había sido fruto de un engaño a una pareja que esperaba paciente en casa.

La discusión siguió por semanas hasta que un día apareció paseando por el bosque Don Cornelius Ryan cargando una hermosa y legendaria pluma estilográfica Montblanc Meisterstück que sin duda era el primer modelo de la marca que databa de 1924 ( el roble aún recuerda  la primera vez que vio esa belleza en las manos de Sigmund Freud aquel extraño fumador de puro con una barba blanca como la nieve que siempre iba a discutir y escribir garabatos casi ilegibles en su libreta) y un cuaderno empastado en piel marrón con sus iniciales grabadas en letras doradas.

En ese momento un abeto se revelo y le dijo buenos días Don Cornelius yo creo que nuestro maestro roble tiene algunas cosas que le gustaría contarle y podrían ser de gran interés para usted.

Cornelius acostumbrado a las bromas de Gordon W. Prange busco por todos lados de donde provenía aquella voz. Hasta que el roble comprendió lo importante de contar la historia y estiro su rama para saludar al celebre historiador. Hola yo soy Quercus Robur maestro de este bosque y me encantaría poderle contar una gran historia.

Después de 3 horas de escucharlo le dijo que tenía que regresar el día de mañana porque tantas historias eran demasiadas para él.

Al otro día 8 de la mañana regreso con su amigo H. G. Wells que se encargó de escribir miles de novelas con las maravillosas historias que tenían que contar y Cornelius nos dejó una obra sinigual sobre la historia de las catástrofes de las guerras.

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